Siempre se guarda cierto recelo cuando te topas con personillas positivamente diferentes, sobre todo cuando la diferencia, bueno, una de tantas, es la de ir sin candados por la vida. Mucho me arriesgo al realizar la siguiente afirmación, y espero no ser bocacabra al hacerlo en voz alta. Pero ha sido llegar a Madrid y toparme con una de las personas mas buenas , francas y honestas que he conocido en mi moderadamente corta y “crujiente” vida.
Supongo que “allá donde fueres haz lo que vieres” , pero me he sorprendido a mi misma, descorriendo cerrojos, deslizándome yo, tal como soy cuando nadie me mira, por las rendijas de los diversos muros que mis situaciones experienciadas me han ido construyendo alrededor. De un tiempo he tenido al sensación de que hacían falta una gran habilidad o una ganzúa muy fina para poco a poco eliminar capas de esta cebollina que intenta escribir este post.
No se como ha sucedido, en una imagen podría decirse que mis 43 cerrojos, ante su presencia (que trascendental, eh), se descorren solos, de forma natural. Me da la, espero no errónea sensación de que alguien así es imposible que cause daño alguno. Hay personas que si las metes en la alvadora, de fijo destiñen, el Miguelangel es imposible que destiña, tiene el color bien agarrao. Muchas personas claman a los cuatro vientos la tan trilladita frase ” lo que ves es lo que hay”, pero cuento con los dedos de una mano y me sobran cuatro y espero no pillarme el que me queda, las que realmente pueden aplicar el sentido de esas palabras a su persona.
No quiere decir que el resto sea menos mejor, si es posible que menos valiente. Desde luego no me cansaré de repetir la capacidad del ser humano de asombrarme, de sorprenderme, positivamente hablando. Que suertuda que me lo haya topado yo esta vez y poder sacarle todo el jugo a su persona, literal y metaforicamente hablando
